Más que magia buena.

"¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela."

Antonio Machado


miércoles, 26 de mayo de 2010

La ignorancia del que más sabe


Omne ignotum pro magnifico: todo lo que conocemos es tomado por insignificante.

miércoles, 12 de mayo de 2010

SERVIR, significa estar a disposición de alguien, ser útil, poder dar, en otras palabras, rendir, producir, beneficiar, obsequiar, fabricar, en fin, valer para algo.

Dios ha creado el universo y todas las riquezas de la naturaleza con la finalidad de SERVIR.

SERVIR es sacrificarnos por los demás, es disponer de nuestro tiempo, nuestra atención, ayuda y comprensión, nuestra compañía para los demás.

SERVIR es buscar con preferencia el beneficio de otro, antes que el nuestro, es no herir cuando estamos enojados, cansados o impacientes.

SERVIR es perdonar, olvidar ofensas, volver a dar la mano, tratar a quien nos lastimó como si no hubiera pasado nada, pedir disculpa a quien hemos ofendido.

SERVIR es la alegría sana de ser justo, no hablar mal de los demás, no querer aprovecharnos de nuestro prójimo, no engañar a nadie.

SERVIR es demostrar nuestro amor hacia los demás, manifestar sinceridad, interés y paciencia hacia las personas que encontramos a nuestro paso.

SERVIR es tener valor de hablar, cuando esto suponga un riesgo, tener la virtud de callar, cuando nos hayan herido o humillado, reprimiendo nuestras emociones violentas al sentirnos ofendidos.

SERVIR es saber hablar con Dios, suplicarle que nos perdone y luego callar y escuchar lo que nos inspire, saber agradecer los beneficios con que nos está colmando, pues, El es el único que puede valorar nuestros esfuerzos, porque nos ilumina y nos enseña que lo imitemos, sirviendo con sinceridad y lealtad.


Teresa De Calcuta

martes, 4 de mayo de 2010

Servir para vivir.




Una noche de tormenta, hace ya bastantes años, un matrimonio mayor entró en la recepción de un pequeño hotel en Filadelfia. Se aproximaron al mostrador y preguntaron: "¿Puede darnos una habitación?".

El empleado, un hombre atento y de movimientos rápidos, les dijo: "Lo siento de verdad, pero hoy se celebran tres convenciones simultáneas en la ciudad. Todas nuestras habitaciones y las de los demás hoteles cercanos están ocupadas”. El matrimonio manifestó discretamente su agobio, pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo tan horroroso pudieran encontrar dónde pasar la noche. El empleado entonces les dijo: "Miren..., no puedo dejarles marchar sin más con este aguacero. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré con el sillón de la oficina, pues tengo que estar toda la noche pendiente de lo que pase”.

El matrimonio rechazó el ofrecimiento, pues les parecía abusar de la cortesía de aquel hombre. Pero el empleado insistió con cordialidad y finalmente ocuparon su habitación. A la mañana siguiente, al pagar la estancia, aquel hombre dijo al empleado: "Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel. Quizás algún día construya uno para devolverle el favor que hoy nos ha hecho". Él tomó la frase como un cumplido y se despidieron amistosamente.

Pasados dos años, recibió una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un billete de ida y vuelta a New York, con la petición expresa de que por favor acudiese. Con cierta curiosidad, aceptó el ofrecimiento. Después de un breve recorrido, el hombre mayor le condujo hasta la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34, señaló un imponente edificio con fachada de piedra rojiza y le dijo: "Este es el hotel que estoy construyendo para usted". El empleado le miró con asombro: "¿Es una broma, verdad?". "Puedo asegurarle que no", le contestó. Así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente, de nombre George C. Boldt.

Es evidente que Boldt no podía imaginar que su vida estaba cambiando para siempre cuando tuvo el detalle al atender cortesmente al viejo Waldorf Astor en aquella noche tormentosa en Filadelfia. Pero lo sucedido es una muestra de cómo servir a los demás es algo que siempre tiene un buen retorno, sobre todo cuando uno no lo busca ni lo espera.

La amistad, el amor, la felicidad y el servicio a los demás, son realidades muy vinculadas. Nadie puede asegurarnos la felicidad, pero lo que a cada uno corresponde es procurar merecerla. La felicidad es como el premio de la virtud. Por eso decía Platón que “si el semblante de la virtud pudiera verse, enamoraría a todos”.

Mejorar en nuestra propia virtud —y ser por tanto personas más sinceras, leales, generosas, pacientes o trabajadoras—, no debe ser un empeño narcisista, ni una búsqueda ansiosa de la propia excelencia que acaba en una obstinación egoísta y ridícula. La mejora personal no se alcanza cuando se considera un fin en sí misma, sino cuando nos apremia la necesidad de tratar bien a las personas.

Habituarse a pensar en los demás y a prestarles ayuda, sin servilismos, es una buena forma de superar ese sentimentalismo bobalicón que inicialmente exhala generosidad pero luego se echa atrás, siempre con muy razonados motivos, cuando llega el momento diario de la verdad. A medida que las personas adquirimos la madurez y la libertad necesarias para superar los imperativos del egoísmo, se abre paso ese criterio de servicio que llena la vida de interés y de alegría espontáneas. Templar el propio yo, con sus deseos y sus miserias, purifica el espíritu de muchos pequeños motivos de tristeza que nacen del excesivo apego y preocupación por uno mismo.


http://www.aciprensa.com/Historias/historia.php?id=255

lunes, 3 de mayo de 2010

Voy por más.

En un mundo de tecnología y globalización, en el que continuamente se habla de un desarrollo óptimo de la sociedad, crece en el hombre ciertas inquietudes acerca de este desarrollo y qué implicancias trae para los hombres y mujeres de determinado entorno.

Pero, ¿Qué es el desarrollo? Al hablarse de una civilización, se refiere al avance que ésta experimenta en dirección a salir del hambre, la miseria y la pobresa, entre otros. Es indispensable que sea éste un desarrollo INTEGRAL Y HUMANO, en el que TODOS PARTICIPEMOS activamente y con igualdad de condiciones. Todo ello va de la mano con la solidaridad que cada quien ha de cultivar hacia quienes le rodean y la formación que recibe cada uno e inculca con su ejemplo a los demás; en búsqueda de consolidarnos de manera más humana: ser más personas.

Hoy en día vivimos en constante cambio, cambio acelerado, que trae consigo una sensación de progreso (a veces incluso falsa) y de insuficiencia, y que si bien busca siempre más y seguir adelante, ha sido responsable de que a nuestro tiempo se le llame tiempo de cambio, aunque a la vez, tiempo se crisis.

Haciendo un paralelo comparativo entre 1990 y este año -2010-, en ese entonces el Perú vivía en una época de una inflación de 7649,8% y de intenso terrorismo. En esa época, el internet y los celulares eran recién murmullos y simples sueños de lo que han llegado a ser al pasar el tiempo. Todo eso se ha visto aplastado conforme pasaron los años hasta la actualidad, y es que hoy en día la cantidad de inventos tecnológicos llevan a afirmar que la tierra es plana, y lo es pues ya no es posible hablar de la tercera dimensión cuando todo está al alcance de un Click. Ha crecido la economía global y local, así como -para llevar el caso a un ejemplo concreto- el consumo del azúcar. Programas de computadoras e internet, tales como Facebook, Twitter, Google, Yahoo, Msn, Windows, Microsoft, etc; han facilitado en alta medida el trabajo de los individuos y han mejorado su desempeño laboral y en la sociedad.

No obstante, han traido consigo un trasfondo negativo, y se trata del "fin del orden". ¿Cómo así? Pues la crisis económica iniciada en el 2008 no ha sido sino evidencia de los problemas que trae consigo el creciente egocentrismo y falta de ayuda por parte de TODOS. En el mundo se gastan anualmente en cosméticos, perfumes y armas (etc.) cifras superiores por gran cantidad a las que se necesitan para acabar con el hambre en el mundo, o a las que se necesitan para curar a los infectados por alguna enfermedad en el mundo. Según cifras reales, cada 3 segundos puere un niño por causas remediables, ¿y no somos capaces de poner un alto a esta situación?

Es tiempo de cambiar, pero no en un afán propio de superación, sino en un afán de desarrollo colectivo INTEGRAL, HUMANO Y PARTICIPATIVO.

¡SE TÚ PARTE DE ÉSTE CAMBIO!